lunes, 15 de febrero de 2010

Coeducación 3º B

La Coeducación, también conocida como educación mixta, es la educación integral de hombres y mujeres en la misma institución. La situación opuesta se conoce como educación diferenciada. La mayoría de las instituciones de educación superior limitó su inscripción a un solo sexo hasta comienzos de 1960. Era una de las características en escuelas residenciales católicas, cuyas políticas han cambiado desde entonces para convertirse en mixtas.


Comenta lo que dice esta mujer en esta viñeta

domingo, 7 de febrero de 2010

CUENTOS PARA 3ºB (CAMBIOS SOCIALES)

LUISA QUIERE SER ASTRONAUTA



Luisa era una niña de cuatro años que no se parecía a las otras niñas, entre otras cosas por su afición de jugar a los astronautas. Ella siempre quería ser eso desde que vio a Neil Amgstrong pisar la Luna. Luisa era una niña muy criticada por sus compañeros debido a que le gustaban más las naves espaciales que las muñecas. Su afición por la astronáutica era tan grande tan grande que un día llegó a subirse a lo más alto de los columpios del parque para poder tocar el cielo, las estrellas, los cometas.

Al pasar el tiempo, Luisa se hacía mayor y veía cómo sus amigos dejaban las muñecas, los juegos, ... para inclinarse más por otras diversiones como el deporte, salir con los amigos, ir de paseo, ... pero a ella eso poco le importaba porque lo que realmente le gustaba era ser astronauta.

Cuando llegó al instituto, todos sus alumnos se burlaban de ella, todos menos sus amigos, a pesar de encontrarla un poquitín rara. Siempre le hablaban de que esa profesión era de hombres, y que ella debería ser enfermera, azafata, o una de tantas cosas típicas de chicas. Luisa oía esta copla todo el día y de toda la gente, pero no se resignaba.

Al llegar a los 17 años, cansada de oír las risas de los compañeros ..., decidió irse a estudiar a C.I.E.E. (CENTRO DE INVESTIGACIÓN ESPACIAL ESPAÑOLA). Al llegar allí a pedir una solicitud para entrar en el centro, los recepcionistas se asombraron mucho al saber que era una muchacha. El director, que era muy "arcaico", se rió mucho y denegó la solicitud. Luisa, muy enojada, fue a pedir las explicaciones al propio director, acusándolo de machista. Ella argumentó que tenía un coeficiente intelectual más alto que muchos de los empleados del centro, pero no fue escuchada por el mero hecho de ser mujer. Nuestra protagonista recurrió a todos los recursos a su alcance, mas no pudo hacer nada por contrarrestar la injusticia. Agotada del machismo de este país, se marchó a estudiar a E.E. U.U. (el país de las oportunidades).

Pasaron varios años y Luisa seguía estudiando fuera; pasado un tiempo le dieron el doctorado en Astronáutica.

Al regresar a España todo el país se enorgulleció de ella. El centro que antes la había rechazado, ahora le pedía disculpas por la incompetencia mostrada y que volviera, pero ella no accedió porque ya tenía trabajo en una empresa alemana.

De ella ya nadie se reía, al contrario, la gente y sobre todo las mujeres, le daban gracias por haber derrotado, con victoria absoluta, el machismo de nuestra sociedad.



COMENTAD ESTE CUENTO


MARIO, UN MACHISTA ARREPENTIDO



Os contaré la historia de Mario, un hombre "normal". Trabajaba como ejecutivo en una mediana empresa. Su mujer era Beatriz, un ama de casa que tiene dos hijos a su cargo.

Cáceres es la pequeña capital de provincia donde residen. El suyo no es un piso cualquiera, pues viven en una urbanización de lujo.

Mario necesitaba seleccionar trabajadores para su empresa. Por eso puso un anuncio en la prensa. Al día siguiente se presentaron más de cincuenta candidatos. Chicos y chicas llenos de nervios y dispuestos a la entrevista de selección de personal.

Mario pensó: "¿Cómo voy a admitir mujeres, con todos los problemas que dan? ¿No estarían mejor en su casa?"

Y Mario empezó a poner excusas a cada aspirante femenina para no admitirlas. Así fue como su empresa se llenó sólo de hombres.

Al llegar a casa, esa misma tarde, la mujer le preguntó por las entrevistas. Mario, ingenuamente, le contó a su esposa todo lo que había tramado para rechazar a las mujeres en su trabajo. Beatriz se quedó estupefacta. No podía creerlo. Creía que era una broma que su marido le gastaba. Cuando comprendió que era cierto, se enojó y se lo reprochó ásperamente. A raíz de esto, se desató una fuerte discusión entre la pareja.

Él mantuvo sus creencias de que las mujeres sólo valen para cocinar y criar hijos, y no para desempeñar puestos de responsabilidad. Las hembras son inconstantes y débiles de carácter, afirmaba.

Beatriz, más indignada que nunca, le mandó a dormir en el sofá. No le consideraba digno tenerle a su lado en la cama. Los niños no se percataron de lo que ocurría, porque actuaron discretamente.

Esta noche, Mario no pudo pegar ojo. Sus ideas machistas le amargaron el sueño y recapacitó sobre lo que le había dicho su mujer en la pelea. Sin embargo, sus ideas sobre la mujer no se tambalearon. Las tenía bien enraizadas desde hacía años. Cuando se paso el enfado, todo volvió a la normalidad.

Transcurridos algunos años, ocurrió algo que a Mario nunca se le había pasado por la cabeza. Su empresa entró en crisis y en pocos meses quebró. Mario quedó en la calle con una corta indemnización.

Comenzó a buscar un nuevo puesto de trabajo de forma desesperada. La edad ya no le ayudaba. Pasaban los meses y no encontraba nada, ni siquiera puestos de inferior categoría. En casa empezaba a notarse la falta del sueldo.

Beatriz - la que sólo servía, por ser mujer, para las tareas del hogar, empezó a buscar trabajo. No estaba fácil el asunto. Pero al cabo de unas semanas, la emplearon de secretaria. Ella era una esposa bien preparada, con sólidos estudios.

Mientras, Mario tenía que permanecer en casa y (quién se lo iba a decir a él!, haciendo las faenas domésticas. Mario, el autosuficiente, despectivo y triunfador, realizando los menesteres propios de lo que él guasonamente designaba como "sexo débil". Se había convertido Mario en ama de casa.

De este modo, comprendió el importante papel de las mujeres en la sociedad. También aprendió que la desigualdad existe y que las mujeres tienen las mismas aptitudes que los hombres para trabajar.

Al poco tiempo, Mario consiguió entrar de nuevo en su reflotada empresa, donde mantenía su prestigio. Gracias al trabajo de su esposa lograron salir de aquel mal trance y no perdieron su hermosa casa.

Ahora, Mario es un hombre feliz, integrado en una sociedad moderna y defensor resuelto de los derechos de las mujeres. (Ah! y comparte la mesa de reuniones con varias mujeres que han ocupado puestos altos en su misma empresa.

GUADALUPE FLORES HERNÁNDEZ



COMENTAD ESTE CUENTO

Pie

http://docs.google.com/DocAction?action=updoc&hl=en

martes, 26 de enero de 2010

PERSÉPOLIS (3º B Cambios sociales)


Persépolis es una película de animación basada en la novela gráfica homónima de Marjane Satrapi dirigida por Vincent Paronnaud y producida por Xavier Rigault y Marc-Antoine Robert. La película, con música de Olivier Bernet, obtuvo una candidatura a la Palma de Oro y consiguió el Premio del jurado en el Festival de Cannes 2007. También consiguió el Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Cine Cinemanila. Fue seleccionada para ser la película inaugural del festival de cine de Valladolid (España).
 SINOPSIS
Marjane es una niña que vive en el Irán de los años 1970, en una familia occidentalizada. Durante esta época temprana el régimen del sah y los abusos de poder del mismo dan para que Marjane tenga contacto con ideas políticas de izquierda. Posteriormente en la caída del Sah, llega la revolución que hace que aparezca otra historia y otro cambio en la vida de Marjane y en general de todo Irán. Esta historia comienza cuando los fundamentalistas toman el poder de manera autoritaria y surge la llamada Revolución Islámica, obligando a las mujeres a llevar velo y encarcelando a miles de personas, mientras tanto Marjane teniendo conciencia sobre el mundo occidental (llámese el punk, Michael Jackson, etc.) pero aún sufriendo el terror de la persecución en su país. Cuando alcanza la adolescencia, es enviada a un liceo francés, y se convierte en testigo de los avatares históricos del país en esos años; mientras, aumenta el fundamentalismo en su país, devastado por la guerra entre Iraq e Irán.
Explica en los comentarios la diferencia que ves en el tratamiento de las dos sociedades que aparecen en la película.

lunes, 25 de enero de 2010

Truman Capote


Colgad la información que hayáis buscado sobre la película Truman Capote y sobre la polémica ética que suscitó su obra A sangre fría.

La estéril de Emilia Pardo Bazán

LA ESTÉRIL

Aunque las tupidas cortinas, como centinelas vigilantes, cerraban el paso al frío; aunque las lámparas ardían claras y apacibles, derramando bienestar, y la leña de la chimenea, al consumirse, difundía por el aposento acariciadores efluvios cálidos; aunque en la cocina se disponía una exquisita cena, llamada a unir los primores serios de la moderna gastronomía con las risueñas e ingenuas golosinas tradicionales, como la sopa de almendra y la compota; aunque esperaba a su marido para saborearlas en paz y en gracia de Dios, con la sensación adormecida de una tibia felicidad añeja, de una serie de Navidades todas parecidísimas, la marquesa iba advirtiendo predisposición a entristecerse; casi, casi a llorar. ¡Como que ya tenía un velo cristalino ante los ojos!

Era la espina, la antigua espina de la juventud, que volvía a hincarse, aguda y recia, en la carne viva del corazón; era la necesidad, mejor dicho, el hambre de amor, de ternura, de delirio, de abnegación absoluta, de sufrimiento, reapareciendo una vez más para envenenar las últimas horas de la existencia, como había envenenado las primeras.

Para los que no ven sino por fuera y no penetran en las almas, la marquesa era lo que se llama una mujer venturosa. Su marido la quería con cariño sereno y perseverante, y había sido, al par que inteligente administrador de la hacienda común, afectuoso cumplidor de los más pequeños gustos y deseos de su esposa...

Sin embargo, sentíase defraudada la marquesa, sin que pudiera quejarse del fraude en voz alta. ¡Cuántas veces, desvelada en el lecho conyugal, había prorrumpido en sollozos, que despertaban al esposo dormido y le dictaban la pregunta de todos los ciegos morales!: «Hija..., pero ¿qué tienes? ¿Te duele algo? ¿Estás enferma?¿Quieres el agua de azahar?» para obtener la respuesta infalible: «No tengo nada... los nervios, hijo... Sí, tomaré unas gotitas.»

¿Cómo decírselo?¿Cómo se formula lo que apenas a nosotros mismos nos confesamos? La marquesa sentía la falta de algo que gastase y absorbiese por completo su devoradora afectividad. Cuando veía a sus amigas pálidas, desmejoradas, arrastrando el peso del embarazo o bregando con la lactancia, un rayo de envidioso dolor la consumía. Y -¡cosa más indecible y más secreta aún!- cuando oía referir la triste historia de alguna mujer vendida, engañada por un hombre y que, a pesar de todo, le adoraba y se pegaba a él como la hiedra al tronco..., el mismo sentimiento amargo oscurecía su espíritu. Porque la marquesa quería amar, y se moría de plétora amorosa, de la estancación del amor en los centros desde donde debe irradiar, penetrando y vivificando todo el organismo...

Escondiendo su noble enfermedad, como si fuese lepra; alta e inmaculada la frente; valeroso y resuelto el ánimo, la marquesa pasó de la edad en que se espera a la edad en que se recuerda, y ya en sus sienes el nimbo de plata de la vejez parecía promesa de calma y reposo... Mas no era así. Al venir el invierno y reconcentrarse el calor al corazón, crecían la angustia y el malestar de la enferma; sus angustias morales se complicaban con el tedio de la vejez solitaria y glacial; y a las diez de la noche del día 24 de diciembre, arrimada a la chimenea, sin que ninguna pena positiva la apremiase, rodeada de lujo, de seguridad y de dignidad, la marquesa dio suelta al llanto, y lloró gimiendo, mordiendo el pañuelo de encaje, ensopándolo en esas lágrimas calientes y vivas, muy salitrosas, lágrimas de pasión, que surcan de fuego las mejillas.

Ni siquiera advirtió que pasaba tiempo: una hora, más de una hora, y que no venía el marqués, ni rodaba ningún coche por la solitaria calle. Sólo cayó en la cuenta de la extraordinaria tardanza de su marido cuando éste se presentó, restregando las manos yertas, secas, finas y largas y, tendiendo las palmas a la llama de la leña, mientras decía con deferente tono:

-Hija, no extrañes... Creí que no iba a venir hasta la una... Me cogió el Señor en la misma esquina y tuve que ir y subir a un quinto piso... Y todo para encontrar a una mujer que ya parecía difunta, y que se murió, efectivamente, a los cinco minutos... ¡Brr! Con este frío, no hay guantes que...

-Y si se murió la que iban a viaticar -preguntó la marquesa, por decir algo-, ¿cómo es que tardaste?

-Verás... Te lo contaré; lo más sencillo... Aquello es un cuchitril imposible, y bulle allí una lechigada de chicos, que se quedan sin padre ni madre... Yo, por suerte, llevaba un par de billetes en la cartera... De haber subido, parecía natural..., ¿no crees tú?

Y el marqués miró a su mujer como buscando excusas al rasgo de beneficencia, deseoso de que su generosidad resultase correcta y fría, perdiendo todo colorido filantrópico. Pero la mirada del esposo, que la marquesa no esperaba, sorprendió a ésta con los ojos llenos de agua y el rostro inmutado; y el movimiento brusco que hizo para ocultar su turbación fue más delator aún que la turbación misma. El repitió la eterna insulsez:

-¿Qué tienes? ¿Te pasa algo?

Levantóse la marquesa. Su dolor era tan agudo, que se le escapaba a borbotones de los labios. Echóse al cuello de su esposo y, como el prisionero que se queja a una pared, le gimió al oído:

-¡Gonzalo, yo no callo más! Se acabó... Yo he sido muy desgraciada... Y tú también... ¡Esta casa sin un niño, sin un pequeñito que cuidar! ¡Tan solos, mirándonos a las caras en este silencio, en este fastidio! Gonzalo, esta noche daría yo por un niño sangre de mis venas... ¿Qué hicimos para que Dios nos castigue? ¡He llorado más!... Soy infeliz; lo fui siempre... Aunque la gente piense otra cosa, muy infeliz, ¡muchísimo! Debí morirme a los veinte años.

El marqués frunció el ceño. La queja de su esposa le hería en lo más íntimo, humillándole en su doble orgullo de hombre y de último representante de una ilustre estirpe; pero sobre todo le desorientaba, pareciéndole cosa inconveniente y chocante, incompatible con el buen tono, el gusto y la delicadeza.

-¡Hija... lo que es para chicos, ahora ya... me parece que te acuerdas un poco tarde!... Si de mi voluntad hubiese dependido...

Y como la señora siguiese llorando inconsolable, añadió, no sin asomos de impaciencia:

-Mira, Elena, si te encuentras muy sola y necesitas jugar a los muñecos, te traes a casa uno de los chiquitines de Rafaela... Son una monería, tan listos, tan lindos. ¡Rafaela se dará por bien servida!...

-¿De tu cuñada? ¿De una mujer que vive, que tiene derecho sobre sus hijos, que me disputaría a cada hora la criatura? No, gracias... ¡Que se los guarde, y buena pro le hagan! -respondió con despecho, la señora.

-Pues entonces...

La mujer estéril calló, pero su mirada ansiosa seguía fija en el marido. De pronto, cogiéndole febrilmente de la manga, preguntó anhelosa:

-¿Y esos? ¿Cómo eran?

-¿Cuáles? -balbució el marqués.

-Los..., los de la pobre...

-¿De la que murió? ¡Elena del alma! ¡Cómo han de ser! Parecen gusanos... Horribles, sucios... ¡Hay uno raquítico, que asusta de puro feo!

La marquesa calló, suspiró, secó los ojos y, echando por ellos chispas de codicia, murmuró en voz ardiente y baja:

-Gonzalo, Gonzalo, ¡por Dios!... No me digas que no... Anda, y tráeme de seguida a ese chiquillo raquítico... Yo le sanaré. Yo haré de él un hombre fuerte, robusto... Anda... Te lo pido por la noche en que estamos... ¡Ve a buscar al pobre nene!

El marqués movió la cabeza, como diciendo en sus adentros: «Se acabó; a mi mujer se le ha vuelto el juicio.»

-Pero hija, ¡qué capricho!... ¡Un fenómeno así!... ¿Es para enseñarlo en las ferias? Yo no te traigo pelele semejante. Duerme, hija, que mañana ya te ríes tú del antojito.

La marquesa tomó de la mano a su marido y le llevó a la alcoba, que iluminaba una lamparilla, y señalando al Cristo de marfil, que habría los brazos dominando el copete de la espléndida cama barroca, exclamó, con indescriptible acento de protesta y algo del humorismo de la mujer segura de su victoria:

-¿Te parece a ti, señor don Gonzalo, que ése que nace ahora mismo, nace solo para los guapos y los derechos?

El criado, entre tanto, buscaba a los señores en el gabinete, para anunciar que la cena estaba servida; y el marqués, apoyándose como en chanza en el brazo de su mujer, decía, cortésmente, mientras se dirigían al comedor:

-Ahora, con este frío, supongo que no querrás que salga en busca del monigote. Las pulmonías acechan en la puerta. Mañana a primera hora te lo traigo, y tú ofreces diez duros de propina a quien te lo quite de delante. ¿Y sabes, Leni, que desde que tenemos sucesión has vuelto a tus mejores tiempos? Tienes una cara y un color... Mira, procura que no se enteren por ahí de lo del niño feo, porque nos van a poner en solfa... ¡Hijos a nuestros años... y de esa estampa!

miércoles, 20 de enero de 2010

HAMLET: Educación Ético-Cívica


Escrita y estrenada en torno a 1600-1601, esta tragedia en cinco actos en verso y en prosa de William Shakespeare ha llegado a nosotros en varias redacciones: el "en cuarto" de 1603, o primer "en cuarto"; el "en cuarto" de 1604, o segundo "en cuarto"; el "infolio" de 1623. El segundo "en cuarto" representaría el texto original del drama, del cual derivarían los otros textos en mayor o menor medida.
En la tragedia de Shakespeare, el rey de Dinamarca ha sido asesinado por su hermano Claudio, que ha usurpado el trono y se ha casado, sin respetar las costumbres, con la viuda del muerto, Gertrudis. El espectro del padre aparece a Hamlet en la muralla del castillo de Elsinore, refiere las circunstancias del delito y pide venganza. Hamlet promete obedecer, pero su naturaleza melancólica le hace irresoluto y le obliga a diferir la acción; mientras tanto se finge loco para evitar la sospecha de que amenace la vida del rey. Se cree que ha turbado su mente el amor de Ofelia, hija del chambelán Polonio, a la que, habiéndola cortejado anteriormente, trata ahora con crueldad.

Hamlet comprueba el relato del espectro, haciendo representar ante el rey un drama (el asesinato de Gonzago), que reproduce las circunstancias del delito, y el rey no sabe dominar su agitación. En una escena en que clama contra su madre, Hamlet supone que el rey está escuchando detrás de una cortina y saca la espada, pero mata en cambio a Polonio. El rey, decidido a hacer desaparecer a Hamlet, le envía a Inglaterra con Rosencrantz y Guildenstern, pero los piratas capturan a Hamlet y lo devuelven a Dinamarca.

A su llegada encuentra que Ofelia, loca de dolor, se ha ahogado. El hermano de la muchacha, Laertes, ha vuelto para vengar la muerte de su padre Polonio. El rey, aparentemente, quiere apaciguarlos e induce a Hamlet y a Laertes a rivalizar, no en un duelo, sino en una partida de armas que selle el perdón; pero a Laertes le dan una espada con punta y envenenada. Hamlet es traspasado, pero antes de morir hiere mortalmente a Laertes y mata al rey, mientras Gertrudis bebe la copa envenenada destinada al hijo. El drama concluye con la llegada del puro Fortimbrás, príncipe de Noruega, que se convierte en soberano del reino.
Entre las escenas famosas, figuran la del monólogo de Hamlet (acto III, esc. 1) que empieza con el célebre verso "Ser o no ser, he aquí el problema" ("To be or not to be: that is the question"), o la del cementerio, donde Hamlet hace consideraciones sobre la cabeza de Yorick, bufón del rey. El juicio sobre Hamlet, en la mayoría de los críticos, se reduce a un juicio sobre el carácter del protagonista, expresamente concebido como viviendo una vida suya y externa al drama. En dicho punto de vista han sido seguidos los críticos por los autores que sacrifican al personaje de Hamlet todo el conjunto del drama, cortando sin preocupación, al representarlo, escenas consideradas desde dicho punto de vista como secundarias.
Pero el juicio sobre Hamlet es extraordinariamente complicado debido a una serie de problemas que no son divagaciones ociosas:
-¿por qué, por ejemplo, Claudio no interrumpe el drama de Gonzago que reproduce las circunstancias de su delito, a la sola vista de la pantomima que precede a la declamación de los actores?
-¿Por qué Hamlet emplea persistentemente con Ofelia un lenguaje obsceno e insultante?

Los críticos más cercanos a lo psicológico explican la actitud de Hamlet hacia Ofelia como el resultado de la náusea sexual provocada en el príncipe por la conducta materna, los críticos históricos la relacionan con la intervención de Ofelia en el drama original, donde, como en el relato de Belleforest, no sería más que un instrumento del tío de Hamlet para seducir al príncipe. Y el lenguaje que Hamlet emplea con ella es precisamente el que adoptaría hacia dicho instrumento, aunque Ofelia no sea tal cosa en el drama de Shakespeare. Hamlet podía imaginar que lo fuese de haber oído las palabras de Polonio al rey en la segunda escena del segundo acto, verso 162 y sig.: "At such a time I'll loose my daughter to him" ("En ese momento le soltaré a mi hija"); donde "loose" no sólo implica que Polonio, que hasta entonces ha prohibido a Ofelia que se comunique con Hamlet, la dejará en libertad, sino que contiene una alusión al ayuntamiento de caballos y reses (para lo cual los isabelinos empleaban dicho verbo).


La actualidad que tiene hoy en día la tragedia se debe, entre otras cosas, a que vivimos en un periodo de transición que agudiza el antagonismo entre el individuo y la sociedad. Así pues, contestad en vuestros comentarios a las siguientes preguntas:
-¿Cómo se expresa en la película que hemos visto la ambigüedad del personaje?
-¿Cómo se manifiesta su duda?
-Dice Nietzsche que el hombre dionisíaco se emparenta con Hamlet porque los dos han visto el fondo esencial de las cosas y tienen rechazo para todo tipo de acción. Esta náusea que produce el malestar por quien nada puede hacer para cambiar la esencia inmutable de las cosas, encuentra envilecedor y ridículo que se reordene un mundo salido de quicio (out of joint). Conocer las cosas, haber mirado el fondo del volcán, desarma. La acción exige el velo de la ilusión. Ésta es la lección de Hamlet, dice Nietzsche, y no la sabiduría barata del sobreinformado que de tanto meditar las posibilidades que se presentan no puede decidirse por ninguna. No es la saturación reflexiva sino el conocimiento de lo verdadero, la mirada hacia el horror de la verdad lo que en Hamlet y en el hombre dionisíaco dominan la voluntad de actuar. Comenta esta idea utilizando el Tema 4 del libro de texto, sobre todo en la página 63.